| Google+: el alto costo de filtrar información confidencial |
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Errar es humano, aunque en la encarnizada disputa sobre el liderazgo en Internet una falla no pareciera ser un paso condescendiente o de fácil digestión. Y Steve Yegge lo sabía. Este ingeniero en software, que trabaja en Google desde el 2006, filtró a mediados de octubre, a través de un memo, un texto en el que manifestaba la necesidad de implementar “acciones urgentes para poder corregir un error de Google+ que, según él, fue provocado por apresurarse a lanzar el producto”.
Y como ninguna firma escapa a esta realidad, las corporaciones se ven obligadas a implementar estrategias de seguridad que permiten contrarrestar el mal uso del horario laboral pero por sobre todas las cosas la fuga de datos confidenciales, el hurto de intangibles, o el tráfico de material pornográfico. A tal punto que, en EE.UU., el 57% de las empresas ha establecido políticas de empresa 2.0 para regular el uso de las TIC entre sus empleados. La publicación que suponía debía ser privada para sus compañeros de trabajo, pero salió a la luz y aumentó las dudas sobre el supuesto éxito de esta plataforma y las fallas de los controles internos. Pero el derrotero de Yegee no terminaría allí. En el mismo texto en el que pidió públicamente disculpas por sus palabras, el ingeniero reconoció que su error había sido producto de su escasa experiencia en la utilización de Google+, la red social que pretende quitar protagonismo a Facebook y otras. La pérdida financiera que provocan este tipo de conductas se ha visto reflejado en un trabajo elaborado el año pasado por el Grupo Morse. El informe, que fue realizado sobre una muestra de campo de más de 1400 trabajadores del Reino Unido, dejó como síntesis que las empresas estaban perdiendo, por el mal uso de la red, 1.38 millones de libras al año y 223 horas laborables al mes. El mal uso de este recurso trae de la mano el aumento en los costos fijos y de producción, disminución en el ancho de banda, daño corporativo y responsabilidad ante terceros. No cabe duda que las comunicaciones personales están protegidas por el derecho a la intimidad aunque no es menos cierto que cuando se ingresa a una compañía, el empleador, que dispone una serie de herramientas para el trabajo, está en pleno derecho de controlar que el empleado utilice adecuadamente los recursos y de este modo evitar sanciones más drásticas. La jurisprudencia lo ratifica. Los empresarios deben advertir a sus empleados la forma en que deben ser usados en el ámbito laboral, a través de reglamentos internos, cláusulas contractuales y capacitaciones periódicas. Acaso también reglamentar el uso del e-mail, auditar las cuentas de correo, utilizar password con altos niveles de seguridad, firmar electrónicamente los correos corporativos, adecuar la sanción y analizar la situación de cada país. Aunque los hábitos resulten similares, el anclaje y desarrollo de las nuevas tecnologías ha virado el eje de las conductas sociales y, por supuesto, laborales. Hoy para el robo de datos confidenciales o intangibles hace falta sólo un clic y cualquier empresa puede despertar de su verano dorado para caer en la más profunda oscuridad.
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| Última actualización el Miércoles, 29 de Febrero de 2012 12:58 |

La llegada de las nuevas tecnologías ha hecho posible mayor dinamismo y menos interferencias en las comunicaciones pero también ha dispuesto una serie de dispositivos que pueden atentar contra sus propias estructuras.